Me volví viciosa de las páginas de un libro, Siempre Compay, el título arriba de la foto de un hombre en sombrero con su risa amplia. Claro que pensé, se trata del autor del Chan chan, música que vienen cantando hasta los hijos de otras naciones, y estaba allí el pequeño ejemplar. Lo abrí, miré el precio accesible, sobre todo para mi semana del cinco al 10 de cada mes. Me dije lo llevo conmigo hasta que lo puse en mi taquilla. Reposó junto a varios libros, que leo por partes, en esos días que ando de visiones claras, literalmente hablando.
El domingo comenzé a leerlo, no imaginé que 112 páginas, pudieran atraparme tanto, pero si, entre más leía más deseaba llegar a la siguiente página. Compay Segundo, seudónimo por el que muchos lo conocemos se llamó Francisco Repilado, nació en las afueras de Santiago de Cuba y tuvo ocho hermanos.
Cuando cumplió cinco años ya encendía los tabacos a su abuela, que falleció a los más de cien, con quien se quedó viviendo hasta que ella expiró, mientras su familia decidió mudarse a la ciudad. Aprendió el oficio de tabaquero, los habanos que han estado ligados a la tradición de los cubanos desde siempre.
El nombre de Compay Segundo se lo puso el comentarista deportivo muy conocido en Cuba y ya fallecido, Eddy Martín, durante unas grabaciones que hicieron en la capital. Antes en Santiago de Cuba aprovechaban el día del santo de la ciudad para bautizar a muchos niños, entonces se decían todos compadres y comadres.
Así formaron un cuarteto que le pusieron los compadres y fue la primera vez que viajó Compay fuera de Cuba. Lo hizo a México. Allí en México estaba Maximiliano Bartolo Moré, y Compay le dijo que ese país se les decían burros a los bartolos, entonces se cambió el nombre y se puso Benny, Benny Moré.
Lo de segundo, se le quedó porque en la trova, la voz prima es la primera y la voz más grave la segunda. Compay recibió dos discos de oro por la venta de más de 200 000 mil copias de sus discos en Francia.
Sus títulos el Chan chan, Sarandonga, Macusa, lo hicieron darse a conocer en el mundo. Estando en Italia, el papa Juan Pablo Segundo, se enteró y lo mandó a buscar en su avión personal, para que diera un concierto a los discapacitados en el Vaticano.
Habían 20 000 personas, allí cantó y luego pudo besar la mano del papa y decirle que era el corazón de la humanidad. Compay aseguraba que había llegado a los 95 años porque no le gustaban los excesos en sus mayores placeres, para no aburrirse, comía poquito, un día bueno y otro malo, y solo un traguito antes de empezar a cantar para animarse.
Compay estuvo 12 años en el trío Matamoros y un río de Camaguey se nombra Repilado, porque allí él lavaba su ropa. Compay tocó y cantó por última vez en México en febrero de 2003. A los cuatro meses se despidió de la vida física, pero no del recuerdo de la gente.
Para mi hoy ya no es solo el autor del Chán chán, es siempre Compay en la gente de Cuba.
